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29 abr 2016

Nuestro amor es como el jenga.

 ¿Qué raro no?  Nuestro amor tiene un poco de sabor a juego de mesa, a diversión, a la ansiedad de estar sacando la maderita más dura, y la adrenalina de creer que en cualquier momento se desmorona todo lo construido.
Nuestro amor definitivamente es un jenga. Y no tiene desperdicio la comparación.
Nos compramos en el mercado, entre tantas opciones apareciste vos, aparecí yo, el resto de los juegos quedaron de lado y pasamos por caja con la una y la otra bajo el brazo, pagando con cheque al portador. Nos llevamos a casa, a la mía, a la tuya. Nos dejamos ahí, en la repisa, observándonos. Hasta que sentimos que ya era hora, que conocíamos el juego un poco mejor. Abrimos la caja, salimos nosotras mismas, las piezas estaban en la mesa. Y la torre se empezó a armar. Tres horizontales, tres verticales, una arriba de otra sucesivamente. Cuando no hubo más fichas para usar, contemplamos lo bonito de la torre armada, cómo cada pieza encajaba casi perfecta. Nos dedicamos a repasar los bordes y tratar de que todo quede correctamente en su lugar. 
El juego arrancó desde que nos elegimos de esa juguetería, pero el momento de  jugarnos empezó después. Empezó el día en que se sacó la primer maderita, y quedó un hueco en el medio. Difícil. Un poco duro de asumir, de reparar, de sostener. Una torre tan bonita armada ya no era lo mismo con esa ventanita en medio mostrando que algo faltaba. Sin embargo el juego seguía. Y cada vez eran más las ventanas, los huecos, las piezas amontonadas arriba simulando corregir estos espacios vacíos de abajo, pero que solo lograban hacer temblequear la torre.
Entonces pasó. Como pasa en el juego, y en la vida real: nuestra torre se cayó. Estaba previsto en cierto modo ¿No? Es parte del juego, necesario que suceda. El objetivo tanto en este juego, como en este amor, es no ser quien lo derrumba. Pero el derrumbe finalmente, se dio. Entre esa extrañeza de observar como lo construido no era más que piezas mezcladas y esparcidas sobre la mesa, como esa columna de maderitas tan perfectamente moldeada a nuestro gusto, debía volverse a realizar; leímos las instrucciones del juego, y del amor, y entendimos que no se terminaba ahí. Que había un momento número dos. Reconstrucción, acción.
Pieza por pieza, de tres en tres vertical y horizontal, hasta tenerla otra vez armada. Ahora con reparos la sostuvimos desde los costados y la miramos con desconfianza: ya sabemos que te vas a volver a caer ni bien comencemos. Y efectivamente, así fue. Una y otra, y otra, y otra vez. Inevitablemente en este juego el destino es perder. Pero tenemos una carta bajo la manga, que quizás nadie le dio la importancia que amerita: podemos volver a empezarlo todas las veces que queramos.
Por eso sostengo: nuestro amor es como el jenga. Se basa en sacar pedazos y volverlos a poner. Se trata de ver estos huecos, estas ventanas de luz que también se sienten como vacíos. Inevitablemente sabemos que de repente acumulamos con todo arriba, cuando en las bases, están las faltas. Y es ahí cuando se cae. Pero se vuelve. Se empieza de nuevo. Si, nuestro amor es como el jenga. Un juego que podemos jugarlo todas las veces que queramos, que podemos construirlo una y otra vez, y si somos creativas, podemos hacerlo en todas las ocasiones, de una manera distinta. La cuestión es querer.
Las fichas son las mismas, lo que cambia es el orden, quien saca cada pieza, quien derrumba en esta ocasión la torre, y quien es la primera en volver a comenzar. Incluso puede pasar, como en el juego, que las fichas queden todas desparramadas sobre la mesa, sin que nadie las arme… o al contrario, que la torre esté perfectamente construida, pero que nadie sea la primera en empezar a cambiarla de lugar. Y también es necesario, también es parte del juego. Porque siempre, más tarde o más temprano, volvemos a jugar. Armar y desarmar, amar y desamar. Jugar entre nosotras, sin que eso tenga porqué estar mal.
Nuestro amor es como el jenga. Y te invito a entender la analogía. Que no tengamos miedo de los derrumbes, de sacar esa madera que parecía flojita pero que nos costó una torre. Porque de todos modos las piezas ahí quedan, sobre la mesa, posibles de ser puestas nuevamente en su lugar, o en uno nuevo, pero retomadas y utilizadas en la construcción, una y otra vez.

12 mar 2016

A los golpes me doy cuenta 
Hoy me tocó chocar.
Entiendo que no estoy, que no se estar. 
Me llamas y me necesitas, y eso me aleja. 
Me cierra. 
Por dentro duele y critico cada palabra que soy capaz de usar. 
Pero todo se resume, en que sencillamente, no se estar. 
Me endurezco, me pongo fría y tomo distancia. 
Una máscara inhumana, gélida, invade mis razonamientos. 
Los sentimientos están en sombra... polarizados se resguardan más. 
No vaya a ser que yo también sienta un poquito, 
Un poquito de todo eso que, quien me llama, ya no da más.

8 mar 2016

Mucho por Luchar

Hoy no me digas feliz día si mañana señalas mi pollera muy corta, criticas mi escote, o justificas la muerte de dos chicas xqe viajaban 'solas'.
Hoy no me saludes si después vas a putear entre los autos diciendo que seguro quien se metió mal, es una mina; si tocas bocina en las esquinas y mandas a lavar los platos.
No se te ocurra escribir un mensaje sobre la felicidad de respetar a seres de luz que crean vida, cuando eras alguien que decía que se embarazaban por un plan, o pensabas "bien que abrió las piernas, que se la banque."
No vengas con un chocolate el 8 de marzo, cuando después de comer invitas a las mujeres del hogar a hacer el café lavar los platos y limpiar. Cuando te escondes detrás del "trabajé todo el día", sin mirar que las mujeres trabajamos, igual y más.
Hoy no me digas feliz día si mañana vas a mirar el cuerpo de cuanta mujer pase a tu lado, tal y como si de objetos de consumo se tratase. Si me vas a hacer un 2x1 un día a la semana en un bar, con el objetivo de que vayan más tipos a 'levantar'. Si para mi día, que recuerda a lucha, me sorteas una máquina de coser o un set de cocina. Si me pones en campañas publicitarias, siempre en el papel de boluda consumista de objetos materiales, y olvidas que la mujer no es solo esa que vos dibujas. Que existimos más, somos muchas otras más.
Si me vas a saludar hoy, hacelo habiéndome respetado todo el año. Hacelo conociendo porqué, en definitiva, hoy es mi día. Reconoceme mis derechos, mi igualdad. Reconoceme así haya nacido hombre pero me identifico mujer. Reconoceme aunque no te elija como objeto de amor. Reconoceme así este en un puesto de mando más alto o bajo que vos. Reconoceme, entera, mujer, lo que soy


28 ene 2016

Una pequeña montaña enmarañada. Color castaña.
Bajaba en la penumbra. Se hacía pequeña.
Arriba ella. Plateada. Más alunada que la luna.
Pequeñas ráfagas de nubes que bailaban un ritual de tormenta.
Acá, la montaña. Y allá, esa sensación que me desmoronaba.
Plateada la miraba. Castaña me alcanzaba.
Sin más, la oscuridad. Y respirar entrecortada.
Despacio se separan mis párpados.
Seguía tan brillante, tan lejana,
pero el ritual de danza ya no la acompaña.
A mi lado castaña.
Al final de mi respiración, la cama.


24 nov 2015


Si los vieras, Néstor, si los vieras… Felices, festejando en las calles. En nuestras calles. Hicieron un ataúd con las iniciales de ella para darle la despedida del gobierno… Sonreían y se los veía maliciosos. Fueron a festejar a los negocios de sushi, y muchos destaparon el champagne. No festejaban por el que votaron, no festejaron al que viene –que creo, ni siquiera ellos lo quieren- Festejaban que se va. Que nuestra jefa coraje se va. ¡Como si ellos hubieran sido un pueblo oprimido! ¿Qué sabrán ellos de opresión? Como si no tuvieran ya pagas sus vacaciones en playas extranjeras, o como si a alguno le faltara el trabajo. Festejaban y se abrazaban por fín se terminó la dictadura  decían… ¿Podes creerlo Néstor? “LA dictadura” de todos ellos en las calles gritando su prohibición.

En Facebook hablaban contentos, de la felicidad, de lo bueno del cambio, compartían fotos de globos amarillos y fotos del chico de la villa que ahora no tendrá su chori gratis. Nos humillaron hasta nuestros propios familiares… a nosotros, a los que elegíamos ganar menos para que hubiera redistribución… Decían que por fin iban a trabajar todos ¡Cuando somos el país con menor tasa de desempleo de la región! Nos decían que ahora agarremos la pala, porque se acaban los planes para todos… Y ellos, los que tuvieron subsidios estos años, estaban ahí, festejando también, sin sentirse aludidos en lo más mínimo de que llegaban a fin de mes gracias a la ayudita del estado.

Ellos festejaban y hablaban de cambio, de la revolución del amor y de la alegría. ¡Hay si tan solo supieran lo que es la revolución! El Che debe estar bastante incómodo en su tumba sabiendo que por acá las revoluciones ahora son de dólares y jetlag. Hablaban del amor, Néstor, hablaban del amor… y la semana pasada cuando la población festejaba el derecho por la diversidad, uno de los suyos se metió con un pobre chico y lo hizo cagar… ¡Por no ser igual al resto lo hizo cagar! Pero ellos hablaban del amor... del amor heterosexual.

Si los vieras, Néstor, si los vieras… te dolería el alma, el cuerpo, la vida. Te dolerían las luchas que diste, los cuadros que bajaste, las negociaciones que ganaste, los derechos que nos reconociste…

Si los vieras… creerías que no es el mismo país que había cuando nos dejaste. Que tiene que ser otra Argentina, una realidad paralela… No entenderías que ayer festejaron tu muerte, y hoy festejan nuestro déficit. No entenderías porque al salir a festejar sacaron muchas banderas, algunas celestes y blancas… pero otras con estrellas.

¿Qué nos pasó Néstor querido? ¿Por qué no logramos ser un pueblo unido? ¡Te juro que nosotros lo intentamos! Salimos a la calle, fuimos a los barrios, tocamos las puertas, hablamos con los vecinos, con los jubilados… ¡Sí! Llenamos los muros, virtuales y reales, les contamos quienes eran los que estaban como candidatos… les dijimos, Néstor, les dijimos… Ese no es más que un muñeco de los grandes empresarios… pero nos callaron, nos bloquearon, nos dieron vuelta la cara y algunos cerraron sus puertas de la casa. ¡Dimos pelea Néstor! Nos encontramos en la plaza y bajo los colores de nuestro cielo marchamos. Te cantamos con el alma, les contamos y bien alto, a los gritos les dijimos que no se vende lo logrado… Se ve que no alcanzó, no nos escucharon.

Si los vieras, Néstor, si los vieras… todavía no asumió y ya le quiere dar marcha atrás a los derechos humanos, nos quieren robar el llanto calmado, la identidad, los nietos recuperados. Nos quieren desvalorizar nuestras abuelas y madres de plaza de mayo. ¡Dice que es un curro! Y que ese curro no tiene lugar en este cambio ¿Qué haremos sin memoria? ¿Qué haremos con tanto daño?

Si los vieras… se me reían mis amigos y me dijeron exagerada por haber llorado ¡Me decían que no era para tanto! ¿Acaso no entienden hacia dónde nos están llevando? Me decían que no tenía que dejar que la política nos divida, y al mismo tiempo se me reían… que ya perdimos, que ya está, que “si nos dejan” quizás en cuatro año lo podamos intentar.

No saben cuánto me dolió este domingo el resultado. Fue muy difícil conquistar lo conquistado, es duro ser pasivo ante la llegada del cipayo a robarse lo ganado. No me duele haber perdido, me duele quiénes son los que nos han vencido… no propusieron nada para el pueblo, nada para los niños ni para los maestros. ¿Podes creerlo Néstor? ¡Se olvidaron de los trabajadores, de los abuelos! ¡Se olvidaron de decirnos que la educación es nuestro derecho y que la salud no debería ser un privilegio!

Si los vieras Néstor… si los vieras… ¡Acá no se rinde nadie! nos dirías.
Y es que vos viniste a proponernos un sueño y hoy más que nunca nuestros valores ¡No los vendemos!.

 

27 oct 2015

Reflexión 2.0




A la gente le molesta que los pobres sean tenidos mínimamente en cuenta. A la gente le molesta que la AUH y otras asignaciones existan, porque su existencia les recuerda que TAMBIÉN existen ellos: los marginados, los excluidos, los que no tienen trabajo. Les molesta tanto, pero tanto, que crearon toda una historia de mujeres que se embarazan por ochocientos pesos, gente que no desea trabajar para cobrar la asignación... Se olvidaron que atrás de un marginado, atrás de quien recibe la asignación que sea, hay una persona. Una persona que tiene los mismos valores que ellos, que sufre, siente y llora por las mismas cosas. Que el hambre y el dolor de no tener un trabajo digno les carcome el alma. Que sí, muchos se evaden de sus propios sentimientos, y recurren al ilícito... nada que ellos, los ricos, los clase media, "los que se rompen el lomo laburando para que de sus impuestos salga plata para esas lacras", no hagan ¡Y no me digan que no!.
A la gente le molesta ver que existen y saber que ellos también podrían estar en ese lugar. No quieren apoyar una ayuda económica nacional, por el hecho de que ellos no quieren ser jamás acreedores de la misma, prefieren seguir teniendo sus trabajos, sus casas propias o alquiladas y su salario mensual asegurado... ¡Y sí muchachos! ¿A quién no le gustaría? Pero no seamos necios, que la estigmatización hacia quien cobra un plan no nos da categoría a nosotros; y si seguimos desubjetivizando a quienes representan todos nuestros miedos, por el mismo hecho de encontrarse fuera de la categoría de persona, como ustedes marcan, se van a convertir realmente en esos miedos... Y aquí ni el gobierno oficialista, ni el pro, ni la izquierda actúa. La violencia es primaria en el hombre, y si al hombre le sacamos su parte humana, lo que queda es instinto. No llores después, cuando el instinto del marginado, se lleva tus bienes de consumo capitalista. A ellos les duele la moral, a vos el bolsillo.

12 oct 2015

14 ago 2015


Me conquistaste desde esa noche

que me cantaste despacito al oído

que te escondiste detrás de una guitarra

y dejaste que eligiera las canciones,

que me adueñara de tu arma…

Me conociste a la mañana

con la cabeza despeinada

un mapache en mi cara, entre maquillaje y almohada…

Me conociste enamorada

y no me creíste  nada.

 
Si te digo que te amo

no son solo dos palabras

Si te digo que te amo

es porque sos mi cable al cielo.

Despegame de la tierra

yo me quedo con los pies en el suelo.

 
Te voy a sorprender, abrazándote por la espalda

con mil flores de plastilina y bombones de caramelo

Te voy a llevar, escondida entre mi pelo

a bailar entre las nubes, y dar una vuelta por el cielo.

No vas a creer que tanta ternura

quepa en un frasco tan pequeño.

No vas a creer donde escondía

el poderte amar, tan intenso.

27 jul 2015



Disfrutar los días

cuando las obligaciones no obligan

Disfrutar la vida

cuando los relojes no apuran

Disfrutar mi pulso

cuando los latidos no escatiman

Disfrutar el sol que me achina la mirada

y que me hierve las ideas

que me achicharro en una piedra

y con piedritas choco el agua…

Disfrutar aunque sea un solo día.

Disfrutar para volver a vivir la vida.