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29 abr 2016

Nuestro amor es como el jenga.

 ¿Qué raro no?  Nuestro amor tiene un poco de sabor a juego de mesa, a diversión, a la ansiedad de estar sacando la maderita más dura, y la adrenalina de creer que en cualquier momento se desmorona todo lo construido.
Nuestro amor definitivamente es un jenga. Y no tiene desperdicio la comparación.
Nos compramos en el mercado, entre tantas opciones apareciste vos, aparecí yo, el resto de los juegos quedaron de lado y pasamos por caja con la una y la otra bajo el brazo, pagando con cheque al portador. Nos llevamos a casa, a la mía, a la tuya. Nos dejamos ahí, en la repisa, observándonos. Hasta que sentimos que ya era hora, que conocíamos el juego un poco mejor. Abrimos la caja, salimos nosotras mismas, las piezas estaban en la mesa. Y la torre se empezó a armar. Tres horizontales, tres verticales, una arriba de otra sucesivamente. Cuando no hubo más fichas para usar, contemplamos lo bonito de la torre armada, cómo cada pieza encajaba casi perfecta. Nos dedicamos a repasar los bordes y tratar de que todo quede correctamente en su lugar. 
El juego arrancó desde que nos elegimos de esa juguetería, pero el momento de  jugarnos empezó después. Empezó el día en que se sacó la primer maderita, y quedó un hueco en el medio. Difícil. Un poco duro de asumir, de reparar, de sostener. Una torre tan bonita armada ya no era lo mismo con esa ventanita en medio mostrando que algo faltaba. Sin embargo el juego seguía. Y cada vez eran más las ventanas, los huecos, las piezas amontonadas arriba simulando corregir estos espacios vacíos de abajo, pero que solo lograban hacer temblequear la torre.
Entonces pasó. Como pasa en el juego, y en la vida real: nuestra torre se cayó. Estaba previsto en cierto modo ¿No? Es parte del juego, necesario que suceda. El objetivo tanto en este juego, como en este amor, es no ser quien lo derrumba. Pero el derrumbe finalmente, se dio. Entre esa extrañeza de observar como lo construido no era más que piezas mezcladas y esparcidas sobre la mesa, como esa columna de maderitas tan perfectamente moldeada a nuestro gusto, debía volverse a realizar; leímos las instrucciones del juego, y del amor, y entendimos que no se terminaba ahí. Que había un momento número dos. Reconstrucción, acción.
Pieza por pieza, de tres en tres vertical y horizontal, hasta tenerla otra vez armada. Ahora con reparos la sostuvimos desde los costados y la miramos con desconfianza: ya sabemos que te vas a volver a caer ni bien comencemos. Y efectivamente, así fue. Una y otra, y otra, y otra vez. Inevitablemente en este juego el destino es perder. Pero tenemos una carta bajo la manga, que quizás nadie le dio la importancia que amerita: podemos volver a empezarlo todas las veces que queramos.
Por eso sostengo: nuestro amor es como el jenga. Se basa en sacar pedazos y volverlos a poner. Se trata de ver estos huecos, estas ventanas de luz que también se sienten como vacíos. Inevitablemente sabemos que de repente acumulamos con todo arriba, cuando en las bases, están las faltas. Y es ahí cuando se cae. Pero se vuelve. Se empieza de nuevo. Si, nuestro amor es como el jenga. Un juego que podemos jugarlo todas las veces que queramos, que podemos construirlo una y otra vez, y si somos creativas, podemos hacerlo en todas las ocasiones, de una manera distinta. La cuestión es querer.
Las fichas son las mismas, lo que cambia es el orden, quien saca cada pieza, quien derrumba en esta ocasión la torre, y quien es la primera en volver a comenzar. Incluso puede pasar, como en el juego, que las fichas queden todas desparramadas sobre la mesa, sin que nadie las arme… o al contrario, que la torre esté perfectamente construida, pero que nadie sea la primera en empezar a cambiarla de lugar. Y también es necesario, también es parte del juego. Porque siempre, más tarde o más temprano, volvemos a jugar. Armar y desarmar, amar y desamar. Jugar entre nosotras, sin que eso tenga porqué estar mal.
Nuestro amor es como el jenga. Y te invito a entender la analogía. Que no tengamos miedo de los derrumbes, de sacar esa madera que parecía flojita pero que nos costó una torre. Porque de todos modos las piezas ahí quedan, sobre la mesa, posibles de ser puestas nuevamente en su lugar, o en uno nuevo, pero retomadas y utilizadas en la construcción, una y otra vez.

19 feb 2016

19 de febrero

Quizás Horacio Quiroga hubiera contado así su propia muerte:

Hoy me morí.
En el año 1937, supe que tenía un cáncer incurable.
Y supe que la muerte, que me perseguía desde siempre, me había encontrado.
Y enfrenté a la muerte, cara a cara, y le dije:
—Esta guerra acabó.
Y le dije:
—La victoria es tuya.
Y le dije:
—Pero el cuándo es mío.
Y antes de que la muerte me matara, me maté.

1 ene 2016



En el dos mil quince hice más por mi carrera que lo que hice en los cuatro años anteriores. Encontré una corriente que me cuenta todo lo que yo pensaba, pero desde los conceptos más hermosos antes enunciados. Encontré mi referente de vida y de pensamientos. Confirmé cuanto amo la carrera que elegí, y sentí una felicidad incomparable al darme cuenta que estoy cerrando este ciclo que es la vida facultativa.

En el dos mil quince no me faltó trabajo, pero tampoco me sobró. Fue uno de mis grandes auto-reclamos… ¿Por qué estar en un lugar donde no quiero, haciendo algo que no le cambia la vida a nadie, dando igual si voy o no voy, cobrando nada, y relacionándome socialmente con un escritorio y una computadora? Pero pude superar este reproche y entender, que tal como dice mi tatuaje… esto también pasará. Y si necesité pasar un año entero sentada en un lugar que no me aportó nada y al que no le encontré objetivos que aportar, es porque mañana, quizás, de algo me va a servir.

En el dos mil quince también hubo amor. Allá por marzo conocí a una persona que me enseñó otra cara del amor. Esa parte que antes nunca nadie supo brindar. Me enamoró con algo más que una forma de ser, sino con una forma de vivir. Me regaló sus horas, su paciencia y su amor sin pedirme casi nada a cambio.  Y no hay nada que se compare a tener la seguridad de que pase lo que pase, ahí ella va a estar.
Por otro lado entendí que es mi familia a quien me debo. Que es con ellos con quienes quiero compartir los momentos más importantes. Que de ellos necesito la contención y el amor necesario para seguir cada día. Que no quiero perderlos jamás y que deseo profundamente aprovechar el tiempo lo máximo posible. Abrazarlos todo lo que pueda, recordarles que los amo, escucharlos, verlos sonreír. Estar. Simplemente formar parte de sus vidas.
No tuve tanto éxito en el plano social. Quizá prioricé mucho más los otros aspectos de la vida. Pero no me faltó oportunidad de conocer gente nueva, de seguir compartiendo con mis viejos amigos, y de dejarme llevar por el son de la amistad en una charla por la tarde, o una noche de cervezas y boliche.

En el dos mil quince me sorprendieron varias noticias: en enero parece que me mudo, me robaron (otra vez) el celular, soy capaz de ahorrar y planificar unas vacaciones con ella a Uruguay, mi departamento al final no era tan feo como yo creía… Y existe mucha gente en mi país que necesitó un cambio. Y ese cambio sí que me sorprendió. Fue una cachetada que un gobierno que tan feliz nos hizo a muchísimos argentinos, haya tenido que ceder legalmente el mando a otro gobierno que desde el primer día empezó a beneficiar a los más ricos, y a dejarnos relegados al resto. Esta noticia me trajo mucha tristeza, bronca, ganas de salir al mundo con un megáfono y decirles a todos ¡PIENSEN! ¡MIREN A SU ALREDEDOR!. Pero otras noticias lograron que mis ansias de no naufragar este barco llamado patria se mantuvieran a flote, al menos por ahora. Encontré que somos muchos más de lo que pensaba los dispuestos a dejar todo por nuestros derechos. Dilucido aún hoy la fuerza y el poder del compromiso colectivo… los grupos autoconvocados en resistencia, lucha y confrontación con las políticas nuevas me sorprendieron continuamente en cuanto a lo capaces que somos de poder dar batalla, unirnos y encontrar apoyo en aquellos que vivenciamos lo mismo. Y no es poco. En tiempos de pan duro, esta gente K me ha dado alegrías y fuerzas que de otro lado no saldrían.
Particularmente cumplí con un objetivo que tenía hace mucho y por lo que fuese nunca lo hice: me metí al centro de estudiantes, volví a militar, a ser parte, a estar. Y el confort interno, el orgullo y la motivación que te da eso… no te lo da nada más.

Dejamos de lado un año que se llenó de lucha interna y superación personal, para enfrentar un año en el que la lucha tiene que ser colectiva y sin tregua.
No nos van a vender nuestros derechos, no sin antes resistir por ello.


Ah sí, y también me hice otro tatuaje. Esta vez lo comparto con mi hermano ♥

29 dic 2015


Así se da la transición entre un año y otro.
A pegar el salto, porque sino, nos caemos...

15 dic 2015

Ojalá seamos dignos de la desesperada esperanza. 
Ojalá podamos tener el coraje de estar solos y la valentía de arriesgarnos a estar juntos, porque de nada sirve un diente fuera de la boca, ni un dedo fuera de la mano.
Ojalá podamos ser desobedientes, cada vez que recibimos órdenes que humillan nuestra conciencia o violan nuestro sentido común. 
Ojalá podamos merecer que nos llamen locos, como han sido llamadas locas las Madres de Plaza de Mayo, por cometer la locura de negarnos a olvidar en los tiempos de la amnesia obligatoria. 
Ojalá podamos ser tan porfiados para seguir creyendo, contra toda evidencia, que la condición humana vale la pena, porque hemos sido mal hechos, pero no estamos terminados.
Ojalá podamos ser capaces de seguir caminando los caminos del viento, a pesar de las caídas y las traiciones y las derrotas, porque la historia continúa, más allá de nosotros, y cuando ella dice adiós, está diciendo: hasta luego.
Ojalá podamos mantener viva la certeza de que es posible ser compatriota y contemporáneo de todo aquel que viva animado por la voluntad de justicia y la voluntad de belleza, nazca donde nazca y viva cuando viva, porque no tienen fronteras los mapas del alma ni del tiempo

OJALA NOS ALCANCE LA VIDA...

24 nov 2015


Si los vieras, Néstor, si los vieras… Felices, festejando en las calles. En nuestras calles. Hicieron un ataúd con las iniciales de ella para darle la despedida del gobierno… Sonreían y se los veía maliciosos. Fueron a festejar a los negocios de sushi, y muchos destaparon el champagne. No festejaban por el que votaron, no festejaron al que viene –que creo, ni siquiera ellos lo quieren- Festejaban que se va. Que nuestra jefa coraje se va. ¡Como si ellos hubieran sido un pueblo oprimido! ¿Qué sabrán ellos de opresión? Como si no tuvieran ya pagas sus vacaciones en playas extranjeras, o como si a alguno le faltara el trabajo. Festejaban y se abrazaban por fín se terminó la dictadura  decían… ¿Podes creerlo Néstor? “LA dictadura” de todos ellos en las calles gritando su prohibición.

En Facebook hablaban contentos, de la felicidad, de lo bueno del cambio, compartían fotos de globos amarillos y fotos del chico de la villa que ahora no tendrá su chori gratis. Nos humillaron hasta nuestros propios familiares… a nosotros, a los que elegíamos ganar menos para que hubiera redistribución… Decían que por fin iban a trabajar todos ¡Cuando somos el país con menor tasa de desempleo de la región! Nos decían que ahora agarremos la pala, porque se acaban los planes para todos… Y ellos, los que tuvieron subsidios estos años, estaban ahí, festejando también, sin sentirse aludidos en lo más mínimo de que llegaban a fin de mes gracias a la ayudita del estado.

Ellos festejaban y hablaban de cambio, de la revolución del amor y de la alegría. ¡Hay si tan solo supieran lo que es la revolución! El Che debe estar bastante incómodo en su tumba sabiendo que por acá las revoluciones ahora son de dólares y jetlag. Hablaban del amor, Néstor, hablaban del amor… y la semana pasada cuando la población festejaba el derecho por la diversidad, uno de los suyos se metió con un pobre chico y lo hizo cagar… ¡Por no ser igual al resto lo hizo cagar! Pero ellos hablaban del amor... del amor heterosexual.

Si los vieras, Néstor, si los vieras… te dolería el alma, el cuerpo, la vida. Te dolerían las luchas que diste, los cuadros que bajaste, las negociaciones que ganaste, los derechos que nos reconociste…

Si los vieras… creerías que no es el mismo país que había cuando nos dejaste. Que tiene que ser otra Argentina, una realidad paralela… No entenderías que ayer festejaron tu muerte, y hoy festejan nuestro déficit. No entenderías porque al salir a festejar sacaron muchas banderas, algunas celestes y blancas… pero otras con estrellas.

¿Qué nos pasó Néstor querido? ¿Por qué no logramos ser un pueblo unido? ¡Te juro que nosotros lo intentamos! Salimos a la calle, fuimos a los barrios, tocamos las puertas, hablamos con los vecinos, con los jubilados… ¡Sí! Llenamos los muros, virtuales y reales, les contamos quienes eran los que estaban como candidatos… les dijimos, Néstor, les dijimos… Ese no es más que un muñeco de los grandes empresarios… pero nos callaron, nos bloquearon, nos dieron vuelta la cara y algunos cerraron sus puertas de la casa. ¡Dimos pelea Néstor! Nos encontramos en la plaza y bajo los colores de nuestro cielo marchamos. Te cantamos con el alma, les contamos y bien alto, a los gritos les dijimos que no se vende lo logrado… Se ve que no alcanzó, no nos escucharon.

Si los vieras, Néstor, si los vieras… todavía no asumió y ya le quiere dar marcha atrás a los derechos humanos, nos quieren robar el llanto calmado, la identidad, los nietos recuperados. Nos quieren desvalorizar nuestras abuelas y madres de plaza de mayo. ¡Dice que es un curro! Y que ese curro no tiene lugar en este cambio ¿Qué haremos sin memoria? ¿Qué haremos con tanto daño?

Si los vieras… se me reían mis amigos y me dijeron exagerada por haber llorado ¡Me decían que no era para tanto! ¿Acaso no entienden hacia dónde nos están llevando? Me decían que no tenía que dejar que la política nos divida, y al mismo tiempo se me reían… que ya perdimos, que ya está, que “si nos dejan” quizás en cuatro año lo podamos intentar.

No saben cuánto me dolió este domingo el resultado. Fue muy difícil conquistar lo conquistado, es duro ser pasivo ante la llegada del cipayo a robarse lo ganado. No me duele haber perdido, me duele quiénes son los que nos han vencido… no propusieron nada para el pueblo, nada para los niños ni para los maestros. ¿Podes creerlo Néstor? ¡Se olvidaron de los trabajadores, de los abuelos! ¡Se olvidaron de decirnos que la educación es nuestro derecho y que la salud no debería ser un privilegio!

Si los vieras Néstor… si los vieras… ¡Acá no se rinde nadie! nos dirías.
Y es que vos viniste a proponernos un sueño y hoy más que nunca nuestros valores ¡No los vendemos!.

 

19 oct 2015

Psicoanálisis en tiempos modernos

Las sociedades son cada vez más desiguales en sus oportunidades no pudiendo negar las diferencias entre el primer y tercer mundo. Y, cada vez más sobre-igualadoras en las demandas que imponen: la globalización impone la igualación obligatoria que actúa en contra de toda diversidad y promueve la cultura del consumo. Las sociedades cuentan en tanto que mercado y la ética imperante es el utilitarismo, en donde el éxito es la eficacia y el rendimiento.
En la actualidad, lo que induce a hablar de “posmodernidad” o “segunda modernidad” es articular un cambio radical en la cohabitación humana y en las condiciones sociales marcadas por políticas que se esfuerzan por cambiar la dimensión del tiempo y del espacio. El poder puede moverse con la velocidad de la señal electrónica y el tiempo requerido para el movimiento se ha reducido a la instanteneidad. El poder es extraterritorial, lo que confiere a los poseedores de poder una oportunidad sin precedentes: la prescindencia de la cohabitación humana. Thomas Mathiesen considera que, en la actualidad, la obediencia al estándar aparece bajo el disfraz de la libre voluntad. Esto implica un cambio: de la coerción a la seducción, de la tiranía del amo presente que obliga a trabajar, a la seducción del capitalista multinacional que ofrece su imagen sonriente junto al producto que promociona para la compra-venta.
Voy al shopping” es una frase que se escucha en diversos lugares, pero: ¿el sujeto que la dice, dónde está? Poco importa, pues lo importante es que allí está todo, y, el que camina por el mega-centro comercial (templo del consumo) pertenece a la aldea global. Las personas se convierten en gente que rebasa anónimamente atrapada por las imágenes que excitan hasta la saturación y son promesa de saciedad. Creando una forma de repartición de mercancías, se construye el individuo “lleno de lo light”, que no habla una legua regional, sino una lengua universal –las marcas internacionales-, intentando disimular la “Babel” en donde se alimenta. El consumismo actual no tiene como objetivo la gratificación de algún deseo subjetivo, sino la producción del “individuo de la posesión”. “Para la sociedad capitalista avanzada, comprometida con la continua expansión de su producción, ése es un marco psicológico restrictivo, que en última instancia crea una ‘economía psíquica’ muy diferente. La voluntad de posesión reemplaza al deseo. La dependencia a los objetos se extrema bajo la creencia de poseer la libertad de estar al alcance de ellos, para hacer de su vida una obra, - no de arte - según un modelo que quiere imponer una identidad de contrabando. Los compradores-consumidores pueden encontrar el consuelo de tener la impresión de pertenecer a alguna comunidad en donde la ausencia de diferencia y el sentimiento de ‘todos somos iguales’ causan su atractivo. La trampa es que el sentimiento de identidad común es una falsificación de la experiencia: “los que han ideado y supervisan los templos del consumo son, de hecho, maestros en el engaño y artistas embaucadores”.
Lucha en ejercicio de la libertad. Pero, es tiempo de preguntarnos respecto de esa libertad, pues quizás lo que se experimenta en su nombre ni siquiera lo contemple. Zygmunt Bauman considera que en la “modernidad líquida” los hombres “viviendo en la esclavitud, se sienten libres y por lo tanto no experimenten ninguna necesidad de liberarse”. En este marco cumplen su función el uso de anfetaminas o anabólicos, el tatuaje, el piercing, los deportes de alto riesgo, las drogas y sus diferentes usos, las competencias de bebedores de alcohol, entre una innumerable serie de costumbres adolescentes. Lo descripto muestra la cara nefasta del capitalismo en donde el capitalista es anónimo y el sujeto resulta licuado. El anonimato del capitalismo se generó a través de un truco: “no abolió las autoridades creadoras de la ley, ni las hizo innecesarias. Simplemente dio existencia y permitió que coexistan una cantidad tan numerosa de autoridades que ninguna de ellas puede conservar su potestad. Cuando las autoridades son muchas tienden a cancelarse entre sí. Una autoridad en potencia se convierte en autoridad por cortesía de quien la elige. Las autoridades ya no mandan, sino que intentan congraciarse con los electo-res”, lo que construye como consecuencia es el desmantelamiento de las redes normativas.
Vivimos en una sociedad en donde la autoridad paterna está francamente decaída, devaluada, en donde la función de regulación de leyes de convivencia familiar y social está debilitada, lo cual no es sin consecuencias. El joven –y se tiende a eternizar la juventud- vive bajo la ley de “traspasar sus límites” y lo real del goce pulsional alcanza sus figuras más horrorosas en ruinosos “modos de vida” y de muerte.
Se ha generado una sociedad tendiente a la adición y a la adicción, en donde lo que se consume debe llegar al exceso de la máxima satisfacción. Se impone la ley del “safis-facere”, en donde un pretensioso “demasiado hacer” es “hacer en demasía”. Su consecuencia está a la vista: “no tengo tiempo”, frase de letal elegancia con la cual la gente se pronuncia respecto de lo que llama “su vida”. Cabe preguntar: ¿es vida?, ¿de quién?, ¿quién tiene la titularidad de esto que llamamos “mi vida”?. Existe una lógica aditiva, la lógica del uno más, de un poco más, en una serie con tendencia al infinito. En El psicoanálisis y la odisea hemos referido ejemplos: los envases de gaseosas que de pequeñas botellitas se convierten en botellones de dos litros; los modos de la cultura alcohólica en donde beber bien es beber hasta la descompostura; los restaurantes “tenedor libre”, en donde se puede comer de todo y mucho al mismo precio, y en donde comer bien se convierte en comer mucho. No hay alteridad ni diferencias. Y, entonces, cada uno en tanto que cualquiera puede en un instante fugaz convertirse en paracaidista, y ser el gran triunfador que practica deportes de alto riesgo -¿Hay entusiasmo por el riesgo, por lo que traspasa los límites?-.
La virtud normativa de la prudencia está en desuso, también otras. Es el mundo del “todo-listo”, del “siempre-listo”, y el que no puede tiene una solución al alcance de la mano: químicos para dormir, despertar, tener fuerza, divertirse, no comer, no dormir, no parar. Así las asociaciones entre fármacos y drogas están en el orden del día. No importa aquello que entra en la cuenta, el asunto es que sume. La saturación lleva a querer “tener todo” o bien a “tener nada”, en donde juegan sus lugares bulimia y anorexia, ya no solamente como patologías alimenticias, sino como modos de encarar la vida. La privacidad de un dormitorio es reemplazada por los “chat-shows” en donde la máxima intimidad pasa a ser objeto de consumo público. Y el consumo implica trabajo, negocio - nec-otium -. Nada se pierde, todo es aprovechable en la producción a través del trabajo. Como psicoanalistas sabemos que el trabajo del inconsciente, cuyo principio es el goce del trabajo de la pulsión de muerte-, es aliado inseparable del trabajo del sueño, cuyo objetivo es seguir durmiendo.
...
 
A.M. Imbriano

12 oct 2015

29 jul 2015

Your Bones - Of monster and Men



In the spring we made a boat,
Out of feathers, out of bones.
We set fire to our homes,
Walking barefoot in the snow.
Distant rhythm of the drum
As we drifted towards the storm.
Baby lion lost his teeth,
Now they're swimming in the sea.
Troubled spirits on my chest
Where they laid to rest.
The birds all, left my tall friend,
As your body hit the sand.
Million stars up in the sky
Formed a tigers eye
That looked down on my face,
Out of time and out of place.
So hold on,
Hold on to what we are,
Hold on to your heart.
Awaken by the sound
Of a screaming owl,
Chasing leaves in the wind,
Going where we've never been.
Said goodbye to you my friend
As the fire spread.
All that's left are your bones
That will soon sink like stones.

28 jul 2015

descarga en 3... 2... 1:

¿Qué sentido tiene venir a trabajar todos los días? Llego, prendo la computadora, pongo música, juego al Candy Crush… miro Facebook, mis correos electrónicos que son en un 80% de promociones basuras que me quieren hacer creer que voy a pagar menos por algo, solo por comprarlo desde internet. Corroboro que el mail del trabajo sigue sin tener correos nuevos. Que los putos afiliados no responden ni siquiera con un ‘recibido’ a las notificaciones y noticias que les envío. El único trabajo que tengo diariamente, comunicarles novedades, pedirles que pasen a retirar algo, hacerles reservas en algún hotel... y no se dan el lujo de decirme un mínimo ‘ok gracias’… ¿Qué sentido tiene que reniegue tanto con la alarma del celular para despertarme, a más tardar, a las 7:23, si después llego a la oficina y no hay NADA para hacer? Tomo de tres a cinco café por día, voy al baño entre dos y cuatro veces, imprimo cosas que necesito para la facultad, busco imágenes llenas de color en internet, para que me den un poco de alegría, y cada tanto me piden que haga algo. ¿Qué sentido tiene? Hace seis meses que estoy acá, y nunca sentí tanto el vacío de que te paguen por hacer nada. Me duermo pensando en las millones de cosas que me gustaría hacer y por las cuales amaría levantarme a las 05 am si es necesario… pero acá estoy. Cumpliendo con cinco horas diarias de un trabajo funcional, como me decidí a llamarlo. Conformándome con cobrar un sueldo que no llega al mínimo de la canasta básica, todo sea para poder estudiar y recibirme de la carrera que tanto me apasiona. ¿Qué sentido tiene si no es más que utilitarista? De cumplirle el capricho a mi jefe que quería que éste lugar, éste asiento, en ésta oficina, lo ocupara alguien que él conociera y que le siga sus intereses… y le salió mal porque a mí no me gusta el chusmerío. Me viene a hablar de la chica de limpieza, de las chicas de la obra social, de Sandra, de mi viejo… y le respondo con ochos palabras de corrido si es que estoy de buen humor, sino una sonrisa y rogar que siga por el pasillo hasta la próxima oficina. Y que me deje en paz, tranquila, haciendo nada, como cada mañana. ¿Qué sentido tiene que esté acá si no aprendo, si no crezco, si no soy útil en nada? Esta delegación va a seguir funcionando igual contando con mi presencia o no. En cambio mi vida personal se derrumba si mi presencia se toma unos días de vacaciones. Mi noviazgo puede temblar si por una semana desaparezco. Mi familia se va a asustar y me van a querer internar en algún neuro, lo sé (es el precio que se paga por haber estado loca alguna vez). La facultad me va a dejar libre en todas las materias que con tanto esfuerzo estoy tratando de llevar al día… Y sin embargo el celular sigue sonando, fiel, a las 7:00, 7:10, 7:23 para que llegue a las ocho y cumpla con este puesto que nada tiene para darme y al que nada le puedo dar. Si mañana no trabajara más, sé que me levantaría mucho más tarde, sé que el orden que tengo y la rutina de cumplir con todo, no la tendría. Sé, porque me conozco, que me desorganizaría y no trabajaría pero tampoco estudiaría, y quizás hasta no tendría ganas de seguir de novia, o sólo querría irme a vivir a Villa María y que todo sea más fácil, que las decisiones las tomen otros… ¡Pero no! Eso no es lo que quiero, no es ese mi destino ni hacia donde me dirijo. A veces solo es necesario quejarse un poco para entender el porqué de lo que uno hace y porqué uno sigue donde está. No es zona de confort, sencillamente porque confort no me da; es zona segura, es zona del impasse, estoy acá pero circunstancialmente. En algún momento me resigné a decir que todo lo que vivo es funcional a mis objetivos, y lo sigo sosteniendo. Esta vida, así, hoy, me es funcional. Sólo espero no estancarme, que a la hora de dar marcha para adelante, de arrancar este auto estacionado, haya gas. Seguramente tiene tinte de depresivo expresarse como lo hago ahora… y es que es tan duro darse cuenta de la realidad, del mundo como es. Es difícil no ser una tonta más, preocupada por si los zapatos son de esta temporada o si la cartera combina con el cinto. Es difícil que no me interese si tengo el pelo radiante y parezco una modelo, o si tengo frizz y las puntas secas. Es difícil que el maquillaje solo me apure porque en la oficina parece ser requisito fundamental. Es difícil ir contra la corriente de la estupidez y superficialidad, encontrarme todos los días con que quiero algo más, más allá. Que no puedo tolerar ver los desajustes, injusticias, sinsentidos, y que yo sigo acá. Igual. No hacer nada, no ayudar, y no poder hacerlo porque mis recursos no me lo permiten. Pero el que sí cuenta con esos recursos, con los medios, con el tiempo, con todo lo necesario ¿Dónde está? Diciendo que se embarazan para cobrar un plan, que los presos cobran más que un jubilado, que un globo amarillo va a ser el cambio que necesitamos… En fin. Nada. A veces quisiera no haber abierto tanto así mi mente, porque a más apertura, más realidad. A más realidad, más duro es lo que se encuentra. Pero ¡Vamos, voy! adelante, desde acá aunque no avance hoy, sé que después algo voy a hacer, algo voy a lograr, en algo voy a ayudar a cambiar la realidad. Quizá no la de todos, pero de los que me rodean, ojalá. Y si no lo logro… voy a haber pasado por este mundo como vine, una más. No me molesta, si total no me voy a enterar. Es tan largo el hilo del tiempo, que nadie lo va a notar. Pero si ya vine, si ya estoy acá, si ya puedo ser consciente de esto… lo quisiera concretar. Un corazón más que late, pero que al frenarse, algo, aunque sea mínimo, ha dejado atrás.
 
 

"Los grandes problemas de la vida nunca
se resuelven para siempre.
Si alguna vez parecen estar resueltos
se trata siempre de una pérdida.
Su sentido y su finalidad
no parecen residir en su solución,
sino en que nos ocupemos
constantemente de ellos."

6 may 2015


But… right now, these moments are not stories. This is happening. I am here and I am looking at her. And she is so beautifull. I can see it. This one moment when you know you’re not a sad storie, YOU ARE ALIVE. And you stand up and see the lights on buildings and everything that makes you wonder… When you were listening to that song on that drive with the people you love most in this world… And in this moment, I SWEAR we are infinite.

5 mar 2015

La Mirada Invisible


 
María Teresa -alias Marita- es preceptora de 3º año 10º división. Su vida, aparentemente insulsa, la lleva de casa al trabajo y del trabajo a casa. No pareciera tener amigos, ni pretendientes; sus únicos lazos sociales son su madre (presuntamente loca) y su abuela. Ella constituye un engranaje más -el último- en la maquinaria de control y represión de la escuela. La cara visible de esa correa de transmisión represiva es el jefe de preceptores, Carlos Biasutto. Marita, en un primer momento, sólo quiere hacer bien las cosas; pulcra y disciplinada desarrolla sus tareas de vigilancia sobre los alumnos tal como el régimen militar ha estipulado. En el film -al igual que en la novela- Biasutto es la voz del régimen: se vanagloriaba de haber sido él quien confeccionó las listas negras de profesores y alumnos durante los primeros años de la dictadura. Es también él quien se encarga de hacerle saber a María Teresa que la subversión fue y es un cáncer, así como un espíritu a combatir. De allí, que la tarea del conjunto de los preceptores resida en la vigilancia permanente e imperceptible: la mirada invisible.

¿Vigilar y castigar?

El film da inicio a un relato que grafica, bastante bien, algunos aspectos de la cotidianeidad escolar durante los años de plomo. La regimentación del vestir y de la conducta y la sucesión de rituales patrióticos se encuentran a la orden del día en la película. La preocupación por el largo de los cabellos de los varones, la pulcritud del de las mujeres, la obligatoriedad de las medias de nylon azules, camisas abrochadas, separación de los sexos en el espacio áulico, la vigilancia de la conducta y el acatamiento de las normas de la escuela en su radio de influencia exterior. Marchas, formaciones y la canción “Aurora” por doquier son imágenes que se repiten abundantemente. Sin embargo, el film cobra otra intensidad cuando el anodino personaje de Marita decide tomar el control en sus manos. Así, se inmiscuye en el baño de los varones para vigilar. Supone que va a sorprender a un puñado de alumnos “subversivos” fumando. Su única sospecha: el creer percibir olor a cigarrillo en el baño y en uno de sus alumnos, Baragli. - Aquí, el film de Diego Lerman, se separa de la novela de Martín Kohan, que dio origen a la historia.- Mientras en esta última lo único que la mueve es obtener el reconocimiento de su superior -Biasutto-; en la recreación de Lerman a esa intención inicial se le sobreimprime una implícita relación amorosa entre Marita y Baragli. Vínculo que se inicia cuando ella decide no delatarlo al burlarse frente al vicerrector del colegio. El relato se vuelve más explícito en este punto en dos secuencias. La primera cuando ella compra una colonia Colbert, la misma que usa Baragli. La segunda cuando Marita, ya en el supuesto ejercicio de la “vigilancia”, se masturba en el baño de hombres. Del rol de centinela pasa a ser movida por su propio placer trasgrediendo las normas. A diferencia de Lerman, Kohan construye al personaje de Marita como una absoluta timorata en tanto uno de sus accionares más osados era el hacer pis en el baño de hombres. A su vez, la perspectiva que el paladín de la “nueva narrativa” le imprime al personaje de Marita es la de conseguir, en el mejor de los casos, un marido burgués al estilo Biasutto.

De sumisos, verdugos y rebeldes

El aspecto más interesante del film reside en la modificación absoluta del desenlace final respecto del de la novela. Al descubrir Biasutto la complicidad entre Marita y uno de los alumnos, éste la acusa de haber roto un vínculo de confianza entre ambos, de no haber estado buscando a “subversivos”: ella simplemente habría querido husmear en el baño de hombres. Es más, ella misma se convierte a sus ojos en una subversiva, en tanto sospecha que encontraba placer en ese escenario y la increpa. Marita sólo pide perdón, reconociendo de ese modo su accionar. En ese instante, el personaje del Jefe de Preceptores decide violarla. Una vez culminado el acto aberrante, Biasutto le indica que debía presentarse el lunes siguiente en el colegio con toda normalidad. Ahí mismo, Marita pasa a la acción y mata a su verdugo. La imagen final que la película le presenta al espectador es la de muchacha caminando por el patio, imperturbable, con el sonido de fondo de la movilización a Plaza de Mayo, organizada por la CGT, en marzo del ’82.

El camino que Kohan le sugiere a sus lectores es bien diferente: Marita es violada dos veces, repudia el hecho pero no hace nada al respecto. Ni siquiera frente a esa situación límite pasa a la acción, lo que resulta acorde con una mirada foucaultiana en donde a la coerción más extrema le correspondería indefectiblemente el consenso más férreo. Su final feliz se inicia al culminar la guerra de Malvinas y sólo porque la derrota provoca un cambio de autoridades en el colegio. De la vuelta a casa del “hermano” deviene el traslado de la familia a la ciudad de Córdoba. En ese sentido, Kohan construye un relato de personajes sufrientes, inertes e inconscientes. Marita aparece como funcional a la dictadura, aún cuando ello le provoque las más horribles vejaciones. Sólo la caída del régimen, y por ende, la apertura de la democracia le devuelve algo de vida. Un auténtico canto a la derrota.

Lerman, en cambio, al reescribir el final le marca un camino a seguir a Kohan, proporcionándonos una visión que puede interpretarse en otra clave. Una lectura que, como el realizador reconoce, resulta “más acorde a las expectativas de la sociedad actual” post argentinazo: Marita proviene de una familia pequeño-burguesa en vías de pauperización. En su mundo no todo es orden y disciplina. El personaje de la abuela creado por Lerman e inexistente en Kohan es clave, porque reemplaza a la figura de Francisco, el hermano reservista de Ciencias Morales. Francisco representa, en la novela, a otro hombre más dentro de la maquinaria represiva que tiene el plus de vehiculizar el final feliz de Marita. Lerman, en cambio, elabora un personaje contrario al orden que se jacta ante su nieta de haber tenido un amante, mientras estaba casada, y que ese hombre había sido, en realidad, el amor de su vida. El perfil de Marita expresa además varias contradicciones: es mujer en un mundo de hombres, transgrede las reglas de lo que se espera para una mujer, al espiar a los varones en su baño, y las “buenas costumbres”, al masturbarse. Además, rompe las normas de su trabajo al no delatar a quien quiere. En ocasiones escucha música “subversiva”, asiste a fiestas y le acaricia la mano a Baragli en la antesala de la vicerrectoría. Si bien es cierto que, como reconoce Lerman, el rol de los alumnos tiene poco desarrollo en la película, los muestra transgresores: dos alumnos se agarran a las trompadas en un baño, otra lee una revista de “música joven” en la séptima hora de sanción, otro se ríe frente a sus superiores. En el mismo sentido, Biasutto también transgrede la normativa cuando fuma en el baño del colegio luego de violar a Marita. Todos ellos pueden ser interpretados como ejemplos de las “disfuncionalidades” en esa maquinaria de represión pergeñada por Kohan; síntomas también del quiebre en la hegemonía militar. Asimismo, el afuera se cuela en varias oportunidades: las menciones reiteradas a la subversión; la referencia a los “desórdenes” en relación a las movilizaciones populares contra la dictadura que obligan a cerrar las puertas principales del colegio y a evitar acercarse a la plaza son algunos de los referentes que aquí pueden mencionarse. Por último, tal como Lerman señala, resulta una verdadera traición que el desenlace rompa con la pasividad sufriente del personaje principal, creado por Kohan, convirtiéndolo en el de una mujer -obrera o pequeñoburguesa pauperizada- que pasa a la acción y elimina a su verdugo.

Las modificaciones de Lerman son una expresión de los problemas que tiene la novela de Kohan como relato, en una Argentina que no es la de la derrota. Sin embargo, la película no logra ir mucho más allá. Frente a la absoluta pasividad y complicidad de la novela Ciencias Morales, la película muestra ciertas “resistencias”, en general, individuales o de baja intensidad. Las imágenes finales con el discurso de Galtieri en Plaza de Mayo al momento de declararse la Guerra de Malvinas, en una plaza colmada, entre vítores y banderas argentinas es la decepción del autor y construye consensos a favor de culpabilizarnos a todos por lo sucedido en esos años. En otro nivel, le da a Marita una salida individual, por la que probablemente vaya presa. En tal caso, lo que expresa la recreación de Lerman son los límites de la rebeldía y del reformismo. Sin embargo, a diferencia del autismo de Kohan, su “fábula moral” da cuenta de que algo ha cambiado en la sociedad argentina.