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29 abr 2016

Nuestro amor es como el jenga.

 ¿Qué raro no?  Nuestro amor tiene un poco de sabor a juego de mesa, a diversión, a la ansiedad de estar sacando la maderita más dura, y la adrenalina de creer que en cualquier momento se desmorona todo lo construido.
Nuestro amor definitivamente es un jenga. Y no tiene desperdicio la comparación.
Nos compramos en el mercado, entre tantas opciones apareciste vos, aparecí yo, el resto de los juegos quedaron de lado y pasamos por caja con la una y la otra bajo el brazo, pagando con cheque al portador. Nos llevamos a casa, a la mía, a la tuya. Nos dejamos ahí, en la repisa, observándonos. Hasta que sentimos que ya era hora, que conocíamos el juego un poco mejor. Abrimos la caja, salimos nosotras mismas, las piezas estaban en la mesa. Y la torre se empezó a armar. Tres horizontales, tres verticales, una arriba de otra sucesivamente. Cuando no hubo más fichas para usar, contemplamos lo bonito de la torre armada, cómo cada pieza encajaba casi perfecta. Nos dedicamos a repasar los bordes y tratar de que todo quede correctamente en su lugar. 
El juego arrancó desde que nos elegimos de esa juguetería, pero el momento de  jugarnos empezó después. Empezó el día en que se sacó la primer maderita, y quedó un hueco en el medio. Difícil. Un poco duro de asumir, de reparar, de sostener. Una torre tan bonita armada ya no era lo mismo con esa ventanita en medio mostrando que algo faltaba. Sin embargo el juego seguía. Y cada vez eran más las ventanas, los huecos, las piezas amontonadas arriba simulando corregir estos espacios vacíos de abajo, pero que solo lograban hacer temblequear la torre.
Entonces pasó. Como pasa en el juego, y en la vida real: nuestra torre se cayó. Estaba previsto en cierto modo ¿No? Es parte del juego, necesario que suceda. El objetivo tanto en este juego, como en este amor, es no ser quien lo derrumba. Pero el derrumbe finalmente, se dio. Entre esa extrañeza de observar como lo construido no era más que piezas mezcladas y esparcidas sobre la mesa, como esa columna de maderitas tan perfectamente moldeada a nuestro gusto, debía volverse a realizar; leímos las instrucciones del juego, y del amor, y entendimos que no se terminaba ahí. Que había un momento número dos. Reconstrucción, acción.
Pieza por pieza, de tres en tres vertical y horizontal, hasta tenerla otra vez armada. Ahora con reparos la sostuvimos desde los costados y la miramos con desconfianza: ya sabemos que te vas a volver a caer ni bien comencemos. Y efectivamente, así fue. Una y otra, y otra, y otra vez. Inevitablemente en este juego el destino es perder. Pero tenemos una carta bajo la manga, que quizás nadie le dio la importancia que amerita: podemos volver a empezarlo todas las veces que queramos.
Por eso sostengo: nuestro amor es como el jenga. Se basa en sacar pedazos y volverlos a poner. Se trata de ver estos huecos, estas ventanas de luz que también se sienten como vacíos. Inevitablemente sabemos que de repente acumulamos con todo arriba, cuando en las bases, están las faltas. Y es ahí cuando se cae. Pero se vuelve. Se empieza de nuevo. Si, nuestro amor es como el jenga. Un juego que podemos jugarlo todas las veces que queramos, que podemos construirlo una y otra vez, y si somos creativas, podemos hacerlo en todas las ocasiones, de una manera distinta. La cuestión es querer.
Las fichas son las mismas, lo que cambia es el orden, quien saca cada pieza, quien derrumba en esta ocasión la torre, y quien es la primera en volver a comenzar. Incluso puede pasar, como en el juego, que las fichas queden todas desparramadas sobre la mesa, sin que nadie las arme… o al contrario, que la torre esté perfectamente construida, pero que nadie sea la primera en empezar a cambiarla de lugar. Y también es necesario, también es parte del juego. Porque siempre, más tarde o más temprano, volvemos a jugar. Armar y desarmar, amar y desamar. Jugar entre nosotras, sin que eso tenga porqué estar mal.
Nuestro amor es como el jenga. Y te invito a entender la analogía. Que no tengamos miedo de los derrumbes, de sacar esa madera que parecía flojita pero que nos costó una torre. Porque de todos modos las piezas ahí quedan, sobre la mesa, posibles de ser puestas nuevamente en su lugar, o en uno nuevo, pero retomadas y utilizadas en la construcción, una y otra vez.

19 feb 2016

19 de febrero

Quizás Horacio Quiroga hubiera contado así su propia muerte:

Hoy me morí.
En el año 1937, supe que tenía un cáncer incurable.
Y supe que la muerte, que me perseguía desde siempre, me había encontrado.
Y enfrenté a la muerte, cara a cara, y le dije:
—Esta guerra acabó.
Y le dije:
—La victoria es tuya.
Y le dije:
—Pero el cuándo es mío.
Y antes de que la muerte me matara, me maté.

11 feb 2016

Lo IMPOSIBLE

Poder jugar en otro juego es lo que imagino.
Donde la gente de mierda este muerta y los buenos, vivos.
Quiero que sea este el lugar pero convertido.
Que decir aborto suene a legal y que no sea un pecado mortal.
Que no se quede mi pueblo dormido,
que ya no me engañen más ni jueguen conmigo.
Gardel va a cantar con los Beatles en la plaza del barrio.
Bob Marley va a rugir en Cemento con los Rolling Stones.
Al fin va a decir la verdad el que escribe los diarios.
Al fin van a dejar de rezarle a la televisión.
Ahí no voy a escuchar mentiras ni verdades cambiadas.
Y no habrá tantos hombres pagando ni putas tan caras.
Por fin el gobierno va a ser de una mujer
Y no habrá juicio por fumar sin joder.
Y va a haber jueces cumpliendo la ley.
Todos nuestros hijos van a poder comer... 
y en nuestras almas va a dejar de llover.
El éxito será eterno, será eterna la flor, el ser humano y la verdad


Llegó a mi vida otro tatuaje, 
que representa lo imposible.

También la femeneidad.

15 dic 2015

Ojalá seamos dignos de la desesperada esperanza. 
Ojalá podamos tener el coraje de estar solos y la valentía de arriesgarnos a estar juntos, porque de nada sirve un diente fuera de la boca, ni un dedo fuera de la mano.
Ojalá podamos ser desobedientes, cada vez que recibimos órdenes que humillan nuestra conciencia o violan nuestro sentido común. 
Ojalá podamos merecer que nos llamen locos, como han sido llamadas locas las Madres de Plaza de Mayo, por cometer la locura de negarnos a olvidar en los tiempos de la amnesia obligatoria. 
Ojalá podamos ser tan porfiados para seguir creyendo, contra toda evidencia, que la condición humana vale la pena, porque hemos sido mal hechos, pero no estamos terminados.
Ojalá podamos ser capaces de seguir caminando los caminos del viento, a pesar de las caídas y las traiciones y las derrotas, porque la historia continúa, más allá de nosotros, y cuando ella dice adiós, está diciendo: hasta luego.
Ojalá podamos mantener viva la certeza de que es posible ser compatriota y contemporáneo de todo aquel que viva animado por la voluntad de justicia y la voluntad de belleza, nazca donde nazca y viva cuando viva, porque no tienen fronteras los mapas del alma ni del tiempo

OJALA NOS ALCANCE LA VIDA...

24 sept 2015

MUJERES


Como también ocurre con los indios y los negros, la mujer es inferior, pero amenaza. 'Vale más maldad de hombre, que bondad de mujer' advertía el Eclesiástico (42, 14). Y bien sabía Ulises que debía cuidarse de los cantos de sirenas que cautivan y pierden a los hombres. No hay tradición cultural que no justifique el monopolio masculino de las armas y de la palabra, ni hay tradición popular que no perpetúe el desprestigio de la mujer o que no la denuncie como peligro. Enseñan los proverbios, trasmitidos por herencia, que la mujer y la mentira nacieron el mismo día y que palabra de mujer no vale un alfiler, y en la mitología campesina latinoamericana son casi siempre fantasmas de mujeres, en busca de venganza, las temibles ánimas, las luces malas, que por la noche acechan a los caminantes.  En la vigilia y en el sueño, se delata el pánico masculino ante la posible invasión femenina de los vedados territorios del placer y del poder; y así ha sido desde los siglos de los siglos.

Por algo fueron mujeres las víctimas de las cacerías de brujas, y no sólo en los tiempos de la Inquisición. Endemoniadas: espasmos y aullidos, quizás orgasmos, y para colmo de escándalo, orgasmos múltiples. Solo la posesión de Satán podía explicar tanto fuego prohibido, que por el fuego era castigado. Manada Dios que fueran quemadas vivas las pecadoras que ardían. La envidia y el pánico ante el placer femenino no tenía nada de nuevo. Uno de los mitos más antiguos y universales, común a muchas culturas de muchos tiempos y de diversos lugares, es el mito de la vulva dentada, el sexo de la hembra como boca llena de dientes, insaciable boca de piraña que se alimenta de carne de machos. Y en este mundo de hoy, en este fin de siglo, hay ciento veinte millones de mujeres mutiladas del clítoris.
No hay mujer que no resulte sospechosa de mala conducta. Según los boleros, son todas ingratas; según los tangos, son todas putas (menos mamá). En los países del sur del mundo, una de cada tres mujeres casadas recibe palizas, como parte de la rutina conyugal, en castigo por lo que ha hecho o podría hacer:

- Estamos dormidas- dice una obrera del barrio Casavalle, de Montevideo-. Algún príncipe te besa y te duerme. Cuando te despertás, el príncipe te aporrea.
Y otra:

- Yo tengo el miedo de mi madre, y mi madre tuvo el miedo de mi abuela.
Confirmaciones del derecho de propiedad: el macho propietario comprueba a golpes su derecho de propiedad sobre la hembra, como el macho y la hembra comprueban a golpes su derecho a la propiedad sobre los hijos.
Y las violaciones ¿no son, acaso ritos que por la violencia celebran ese derecho? El violador no busca, ni encuentra, placer: necesita someter. La violación graba a fuego una marca de propiedad en el anca de la víctima, y es la expresión más brutal del carácter fálico del poder, desde siempre expresado por la flecha, la espada, el fusil, el cañón, el misil y otras erecciones. En los Estados Unidos, se viola una mujer cada seis minutos.

En México, una cada nueve minutos. Dice una mujer mexicana:

- No hay diferencia entre ser violada y ser atropellada por un camión, salvo que después los hombres te preguntan si te gustó.

Las estadísticas solo registran las violaciones denunciadas, que en América Latina siempre son muchas menos que las violaciones ocurridas. En su mayoría las violadas callan por miedo. Muchas niñas violadas en sus casas, van a parar a la calle: hacen la calle, cuerpos baratos, y algunas encuentran, como los niños de la calle, su morada en el asfalto.

Dice Lélia, catorce años, criada a la buena de Dios en las calles de Río de Janeiro:
- Todos roban. Yo robo y me roban...

 

29 jul 2015

Your Bones - Of monster and Men



In the spring we made a boat,
Out of feathers, out of bones.
We set fire to our homes,
Walking barefoot in the snow.
Distant rhythm of the drum
As we drifted towards the storm.
Baby lion lost his teeth,
Now they're swimming in the sea.
Troubled spirits on my chest
Where they laid to rest.
The birds all, left my tall friend,
As your body hit the sand.
Million stars up in the sky
Formed a tigers eye
That looked down on my face,
Out of time and out of place.
So hold on,
Hold on to what we are,
Hold on to your heart.
Awaken by the sound
Of a screaming owl,
Chasing leaves in the wind,
Going where we've never been.
Said goodbye to you my friend
As the fire spread.
All that's left are your bones
That will soon sink like stones.

17 jul 2015

Dirty Paws


Jumping up and down the floor my head is an animal. And once there was an animal, It had a son that mowed the lawn. The son was an ok guy... they had a pet dragonfly. The dragonfly ran away, but it came back with a story to say... Her dirty paws and furry coat, she ran down the forest slope. The forest of talking trees, they used to sing about the birds and the bees. The bees had declared a war, they sky wasn't big enough for them all. The birds, they got help from below from dirty paws and the creatures of snow... And for a while things were cold, they were scared down in their holes. The forest that once was green was colored black by those killing machines. But she and her furry friends took down the queen bee and her men. And that's how the story goes the story of the beast with the four dirty paws.

3 jun 2015


Más importante que la ciencia es su resultado,

una respuesta provoca mil preguntas.

Más importante que la poesía es su resultado,

 un poema evoca cien actos heroicos.

Más importante que la procreación es el hijo.

Más importante que la evolución de la creación,

es la evolución del creador.

En el lugar de lo creativo está el creador.

Un encuentro de a dos:

ojo a ojo, cara a cara

y cuando esté cerca tomaré tus ojos

y los colocaré en lugar de los míos

y tú tomarás mis ojos

y los colocarás en el lugar de los tuyos.

Entonces te miraré con tus ojos

y tú me mirarás con los míos.

Así hasta la cosa común sirve al silencio

y nuestro encuentro es la meta sin cadenas.

 

Moreno, Viena 1914

25 abr 2015

Casualidades

Me tomaste de la mano mientras apurabas el paso porque llegábamos tarde a la reunión. Una señora, encorvada y con bastón, tambaleó ante la situación. El perro que dormía contra el poste de luz, se sobresaltó y miró a la vieja. El mosquito que daba vueltas alrededor de las orejas del perro, se posó en uno de los costados y clavó su pico entre los pelos del can. Yo me sostuve entre tus dedos y apreté con fuerza. Fijé la mirada en tus rulos largos y alborotados moviéndose con el viento. Vos giraste la cabeza, me sonreíste con toda la cara y esquivaste los folletos que te estiró la mano de un repartidor. En la esquina, con el semáforo en rojo, un auto bastante moderno hacía rugir su motor, quizás apurando al verde para poderse disparar. Por la senda peatonal, apenas marcada, una nena cruzaba a los saltos, de línea en línea, mientras que su mamá le gritaba que dejara de pelotudear porque la iban a pisar los autos. Tu celular empezó a sonar adentro de tu cartera. Quizás era tu jefe que ya había llegado y no te encontró esperándolo. Atendiste a los manotazos, revolviendo entre pañuelitos, billetera, llaves y otras porquerías que llevás todos los días en el bolso. - Si, estamos llegando, a una cuadra. No agregaste más nada, tampoco me volviste a mirar, pero sí que apretaste la caminata y casi, casi, que me hacés volar. Te mandaste entre una pareja que justo se dejaban de abrazar y frenaste el paso de un repositor que quería entrar las cajas en el supermercado. Creo que los miré a todos con cara de pedir perdón y me agarré con más ganas de esa mano que me llevaba - no fuera cuestión que entre tanto apuro me soltaras y me dejaras por ahí olvidada-. Llegamos con dos minutos de anticipación a la hora pactada. Pero tu jefe, por supuesto, había llegado con cinco. Y justo en ese momento, las nubes que estaban dando vueltas por el cielo, se corrieron dándole paso al sol que más brilló en toda la semana. Una bandada de pájaros abandonó uno de los alerces del parque de la otra cuadra. La alarma que se había activado en un auto estacionado, fue apagada con el sonido de dos prip seguidos. Y tu jefe me clavó la mirada.
Se hicieron las presentaciones: - Mario.- Josefina un gusto... como toda respuesta un silencio casi eterno. Casi, porque él mismo se interrumpió admitiendo con los ojos bastante abiertos, que no se lo esperaba. Emulando un insight recordó que tenía modales, abrió la puerta de vidrio del restaurant y nos hizo pasar. Ya me habías soltado la mano y caminabas en dirección a una mesa de cuatro bien ubicada en un costado. Nos sentamos al lado, Mario al frente tuyo aún con los ojos en mi cara. En el baño una señora se maquillaba con delineador barato y rimmel prestado, mientras que otra se lavaba las manos y no encontraba con qué secarselas. Un mozo con cara de no haber dormido durante tres días, dejó tres menú en el costado de la mesa y ahorrando toda palabra volvió atrás de la barra donde estaba, a mirar su celular. Entre nosotros tres no volaba ni una mosca, literalmente. 
- Bueno Mario, te escucho, había noticias me dijiste... Espero no te incomode que haya venido acompañada...
- No hay problema Rocío, solamente quiero ver que entendí bien... ¿Josefina es tu...?
- Novia, si. Pensé que sabías.
Me sentí algo incómoda, pensé que la reunión era de negocios y no de asuntos personales. Pero ella había insistido mucho la noche anterior en que la acompañara. Me sumergí en la carta y repasé tres veces las variedades de pizza... qué barbaridad los precios de este lugar, es un bar de mala muerte para cobrar tan caro una muzza. El mozo apareció por encima de la carta con cara de querer saber qué íbamos a pedir. ¿Para qué usar las palabras si con una mirada podía decir todo?. Anotó en la libretita tres café grandes y dos tostados. Creo, pero creo, no estoy segura, dijo entre dientes que enseguida estaban.
Mario metió su mano en la campera y tanteó la billetera y celular mientras que con demasiada atención pretendida, examinaba el mantel con una mancha vieja de café en el borde. Vos me miraste inquisidora, y te respondí con media sonrisa de tranquilidad. Por debajo de la mesa te acaricié la rodilla para confirmarte que estaba todo bien y entendiste mi señal con ese suspiro livianito. 
- Bueno en realidad no era sobre el trabajo la reunión... quería más bien conversar con vos, conocerte un poco más. ¡Pero nos adaptamos entonces y las conozco a las dos ya que estamos!
Y se dio inicio por primera vez en el día, al uso fluído de las palabras. La señora que tomaba un submarino en la mesa del frente, leía el diario y hacía caras muy raras. Yo no podía interpretar si eran noticias buenas o malas. En la tele pasaban títulos de la farándula porteña, con solo mirar un poquito alrededor me di cuenta que a nadie le interesaban, y me pregunté, una vez más en veintiséis años, porqué los bares tienen la tele prendida en canales que nadie mira. Vos sonreías apenitas mientras conversabas distendida. Esos rulos que tanto me gustan jugaban divertidos entre tus orejas cada vez que vos los corrías de tu cara.
Y así pasó la mañana. Supe más de los chismes de tu oficina, Mario supo que sos lesbiana. Vos conociste un poco más de su vida privada. Y entre los tres pasamos casi dos horas de oraciones intercambiadas. Que al principio eran como tímidas, pero que se soltaron y se conocieron entre ellas. Tomaron diferentes tonalidades y algunas incluso fueron de tenues carcajadas. Supimos entonces muchas cosas: nosotras supimos ser una pareja consolidada y tu jefe, una persona extremadamente apasionada, cosa que vos no sabías, mucho menos te lo imaginabas - así como el tampoco se esperaba semejantes noticias sobre tu vida privada-. 

Entre esas pasiones que Mario tenía, estabas vos, la secretaria que mas le interesaba de todas las que trabajaban en la firma. Él había estado pensando durante dos semanas si invitarte un café o no, Su mejor amigo le había dado ánimos diciéndole que no perdía nada con intentarlo, y que la idea de tomar algo con vos, podía abrir puertas que él consideraba cerradas. Tardó otras dos semanas en concretar la invitación, y por fín, ayer se animó. Antes de que te fueras te llamó a su oficina y en tono amistoso pero sin perder la seriedad de su jerarquía, te ofreció encontrarse hoy, a esta hora, acá, para conversar un poco sobre el trabajo. Tan ingenua y confiada aceptaste creyendo que algún cambio de tareas te esperaba, aceptaste enseguida y corriste a casa para decirme que posiblemente te iban a dar un ascenso, que necesitabas que te acompañara. Pobre Mario. Él quería invitarte a salir otra vez, quizás de noche, para después acompañarte a tu casa y despedirse con un beso en la puerta. Si, pobre, él te mira con los ojos que brillan esperando que le devuelvan esa mirada. En su trabajo su personalidad avasalla las tareas, pero dejando atrás esas paredes, es un chico pequeño, inseguro y algo tímido, que espera que lo abracen antes de dormir y que le digan que van a estar para siempre tomándole la mano para caminar. Mario fue al bar con ganas de enamorarte aunque sea un poquito; y volvió a su departamento con ganas de llorar. Vos me llevaste a tu reunión de trabajo esperando ese nuevo puesto, y volvimos conversando sobre lo piola y distinto que es tu jefe fuera del trabajo, estabas algo desilusionada, pero animada de haber aclarado tu orientación con el líder de la manada. 
Y en una isla del caribe, una de esas porciones de tierra perdidas entre tanta agua, que casi no figuran en el mapa, una mujer ni tan jóven ni tan vieja, tejía un techo de pajas, pensando para sus adentros, que más tarde quería tomarse un trago hecho de bananas. Y a veces las situaciones no tienen nada de sentido, pero sí que son complejas. Es que suceden tantas cosas en el exacto mismo momento en que uno está viviendo, que no alcanzan a veces las palabras para explicar porqué esa señora caribeña que está muy alejada de edificios, trajes, corbatas y lesbianas, tiene tanta vida como la de Mario que mira sin ganas el inicio de Facebook, tirado en la cama.

17 feb 2015

CINCUENTA SOMBRAS DE VIOLENCIA

El domingo fuimos al cine con la idea de ver Búsqueda Implacable 3. Agotadas las entradas y con todas las ganas de acomodarnos en los sillones del cine, decidimos ver las famosas 50 Sombras de Grey. Conflictiva la decisión porque estaba muy decidida a no participar del comercio sexual femenino que implica la historia, pero al fin y al cabo, no puedo opinar sin conocer. Así que me decidí a verla para confirmar o refutar mis ideas...

Me dio asco el trasfondo de la película. Me dio asco el fanatismo de muchísimas mujeres por el personaje de la historia. 
Si seguimos la lógica de estas mujeres debemos entender que: si viene un chabón millonario, con buen físico y carilindo y les propone hacerlas sus esclavas, que no puedan ver ni estar con otras personas - ni siquiera sus familiares -, que deben tener sexo sádico y sumiso cuando ÉL quiera y a lo sumo como recompensa les daría una noche de salida al cine o a cenar... estas tipas felices. Cumpliendo el sueño de la mujer promedio de la última década, tener un hombre violento y agresivo a su lado, al precio que sea. Estamos hablando de una de las peores formas de cosificación del sexo femenino. Utilidad sexual en exclusiva. 
Detras de una falsa idea de salud, porque pretende que su 'sumisa' se alimente bien, haga ejercicio y no pase necesidades, se esconde el esclavismo en su mayor exponente de mujer reducida a función de obediencia y pasividad. El mayor goce de la historia, es que este personaje multimillonario, que le regala productos tecnológicos para convencerla de su propuesta, la tenga atada a una cama, vendada de ojos, sirviendo puramente al fin masculino e imponiendo en la mujer el mismo placer que él obtiene por tener una estructura psíquica sádica. Se normaliza y glorifica una patología mental. Se le quita importancia a una segunda historia de abuso infantil y violencia de género (de una mujer hacia un hombre), para retratar lo glamoroso del sadomasoquismo en una vírgen, inexperta, amante del romanticismo que inocentemente espera el amor de su vida (otra historia de machismo que cabría en un segundo análisis).
El romance que se propone está lejos de las flores y bombones, explícitamente cuando le dice que él no duerme con nadie ni se deja acariciar. El amor se expresa con lujos económicos, propios de una sociedad capitalista y consumista. Amor propio de la era moderna, que se basa en tener lo que quiero cuando quiero y como quiero, sin importa que la otra persona quiere diferente y siente diferente. Se pretende que el sexo femenino se amolde y adapte a la voluntad del hombre. Ah, eso sí, en toda la película se deja en claro que esto sucede siempre con el consentimiento de la chica. Por medio de un contrato escrito y firmado. Si eso no es cosificación y supremacia masculina, díganme qué lo es.

En definitiva. Si una mujer va a ver esta película y no se siente mínimamente molesta, enojada, alterada, o maltratada por el autor... Es porque desde que se han llevado adelante las primeras luchas en busca de la igualdad, no se ha logrado transmitir el peso real de estos logros y lo importante de su consecución. Si una mujer hoy se identifica con Anastasia de la película, y no con alguna Anastasia de la revolución femenina; es porque las miles de mujeres que han muerto para que ella hoy pueda ser una más de la masa globalizada, lo han echo en vano y faltan, lamentablemente, muchas más por fallecer en la búsqueda del respeto y la real igualdad. 
Si no te querés respetar a vos misma, si no buscas tu valoración externa ni interna, no lo hagas, no se puede obligar a nadie a quererse. Pero valoremos a quienes si lo han buscado y a su causa encontraron tortura y muerte. En reconocimiento a todas aquellas, hagámosnos respetar, rechacemos estos modelos que nos imponen, critiquemos el machismo, neguemos estos prototipos de amor moderno en versión sadismo 2.0. No repitamos y consumamos lo que nos están dando de comer por medio de todos los medios tecnológicos. Hay que animarse a crear un pensamiento propio, justificado y cimentado en nuestra historia. Ya han sido muchos años de la mujer Barbie ¿Cuándo va a ser el turno de las mujeres reales?

"Cuando diversas organizaciones no gubernamentales trabajan por reivindicar los derechos de las mujeres, la trata y la violencia de género, este filme atrasa en su concepto a siglos pasados. Bien me decía un amigo: 'Nada más machista que una buena mujer'."

29 ene 2015

El Colectivo

"...La Fuentes, andaba siempre de correrías, por los pueblos de acá cerca. Iba y venía, iba y venía. Se metía en la Cooperativa de Los Talas, andaba siempre rondando la fábrica de los Suárez, en Monte Solo. Mirá vos si sería atorranta que iba siempre a la hora en que salían los obreros. Y se quedaba charlando, sola, entre los hombres. Y después que me digan que las mujeres se hacen putas por falta de educación. ¡Mentira! Si ésta hasta había estudiado en Córdoba, en la universidad. Tenía un noviecito allá. Dicen que le hizo un hijo pero que no lo tuvo... ¡Qué delicados son algunos para decir las cosas! ¡No lo tuvo...! Y claro. ¿Qué iba a hacer ella con un hijo? ¿Llevarlo a las diez de la noche a la puerta de la Cooperativa? ¿Sentarlo entre los hombres cuando empiezan a tomar vino? Y bueno. Ésa terminó como se merecía. Dicen que la vieron en la ciudad, arruinada, trabajando en los bares. Cómo sería de escandalosa, siempre entre los hombres, que la vinieron a buscar de Córdoba. La policía. Hasta allá habían oído de ella. Vinieron cuatro oficiales y se la llevaron. Vieras qué bien los policías, qué elegantes. No usaban uniforme, venían de traje, en un auto grande. Y mirá cómo sabría ella que andaba en la mala vida, que se quiso esconder. Se metió atrás de los silos. Todos creíamos que los hombres serían hermanos o amigos de una mujer que ella hubiera molestado. Porque no le interesaba distinguir entre solteros y casados. Ella veía un pantalón y listo. Bueno, los hombres iban preguntando por el pueblo. Iban con el auto despaciiito, por las calles, dando vueltas. Y preguntaban: ¿La señorita Fuentes? Y todos sabíamos dónde estaba pero decíamos: «Debe andar por ahí», «Recién pasó por acá», porque ninguno quería ser el primero. Hasta que le preguntaron a Vidal y él les dice: «¿De parte de quién?». Y los oficiales contestan: «De la policía». «Está ahí, escondida atrás del silo.»
»Hizo bien Vidal. Si viene la policía, las cosas claras. Vieras cómo gritaba. Se había ido juntando gente en la calle, y todos mirábamos. Entre tres la tuvieron que agarrar. Tuvieron que sacar las armas y todo. ¿Y sabés qué gritaba? «Vidal, Vidal, ayúdeme, Vidal». Parecía que entre toda la gente lo veía sólo a él. ¡Vidal! Si era él el que había dicho dónde estaba. Tarde pedía ayuda...
»Estuvo bien Vidal. Y estuvo bien que los oficiales la atraparan delante de todos. Que las chicas sepan qué les pasa a las putas. Que les quede claro. Eso, que todos sepan cómo terminan estas cosas.
Victoria mira el suelo y vuelve a mirar por la ventana. Distraídamente, al pasar, dice:
—¿Y no te parece que se la pueden haber llevado por otra cosa?
—¿Por qué cosa?
—No sé, vos decías que andaba siempre entre los peones, hablando con ellos...
—Y sí, por eso se la llevaron. Por puta.
—No, yo digo..., porque en la ciudad a veces se llevan gente que no hizo nada...
—Nooooooooo. Pero eso es en la ciudad, que no se conocen. Acá todos sabemos qué hace cada uno. Por ahí en la ciudad se confunden, pero acá no hay forma. De la Fuentes todos sabíamos que era puta. Igual, en la ciudad, si se llevan a alguien que no hizo nada, después lo sueltan. Buscan las pruebas, todo, y si no encuentran nada y se dan cuenta de que fue un error, lo sueltan.
—No siempre.
—Ay, Nenita. Vos porque leés demasiado. Si no hizo nada, lo sueltan.
—En la ciudad a veces aparece gente muerta. Asesinada.
—Y sí, en los enfrentamientos. Son los que secuestraron a Aramburu. Y bueno, que se jodan. El que a hierro mata a hierro muere.
—No es tan así, Marta.
—Mirá, Nenita, vos estás todo el día sola, dale que te dale a la cabeza. Te imaginás cosas que no son. A lo mejor sí, en la ciudad a veces se comete un error. Pero después lo arreglan. Y listo. Acá cuando han venido, hicieron bien. Limpian el pueblo, nos protegen. Ellos hacen que podamos seguir viviendo tranquilos. ¡Y vieras qué pinta! Los trajes que tenían los oficiales, el pelo bien cortito, el bigote perfecto. Vieras qué bien..."



Eugenia Almeida -

5 ene 2015

Diego:
Nada comparable a tus manos, ni nada igual al oro-verde de tus ojos. Mi cuerpo se llena de ti por días y días. Eres el espejo de la noche. La luz violeta del relámpago. La humedad de la Tierra. El hueco de tus axilas es mi refugio. Toda mi alegría es sentir brotar la vida de tu fuente-flor que la mía guarda para llenar todos los caminos de mis nervios que son los tuyos, tus ojos, espadas verdes dentro de mi carne, ondas entre nuestras manos. Solo tú en el espacio lleno de sonidos. En la sombra y en la luz; tú te llamarás auxocromo, el que capta el color. Yo cromóforo, la que da el color. Tú eres todas las combinaciones de números. La vida. Mi deseo es entender la línea, la forma, el movimiento. Tú llenas y yo recibo. Tu palabra recorre todo el espacio y llega a mis células que son mis astros y va a las tuyas que son mi luz.
Frida

25 dic 2014

Oliverio Girondo

No sé, me importa un pito que las mujeres tengan los senos como magnolias o como pasas de higo; un cutis de durazno o de papel de lija. Le doy una importancia igual a cero, al hecho de que amanezcan con un aliento afrodisíaco o con un aliento insecticida. Soy perfectamente capaz de soportarles una nariz que sacaría el primer premio en una exposición de zanahorias; ¡Pero eso sí! -y en esto soy irreductible- no les perdono, bajo ningún pretexto, que no sepan volar.
Si no saben volar ¡pierden el tiempo las que pretendan seducirme!
Ésta fue -y no otra- la razón de que me enamorase, tan locamente, de María Luisa. ¿Qué me importaban sus labios por entregas y sus encelos sulfurosos? ¿Qué me importaban sus extremidades de palmípedo y sus miradas de pronóstico reservado? ¡María Luisa era una verdadera pluma! Desde el amanecer volaba del dormitorio a la cocina, volaba del comedor a la despensa. Volando me preparaba el baño, la camisa. Volando realizaba sus compras, sus quehaceres... ¡Con qué impaciencia yo esperaba que volviese, volando, de algún paseo por los alrededores! Allí lejos, perdido entre las nubes, un puntito rosado. "¡María Luisa! ¡María Luisa!"... y a los pocos segundos, ya me abrazaba con sus piernas de pluma, para llevarme, volando, a cualquier parte. Durante kilómetros de silencio planeábamos una caricia que nos aproximaba al paraíso; durante horas enteras nos anidábamos en una nube, como dos ángeles, y de repente, en tirabuzón, en hoja muerta, el aterrizaje forzoso de un espasmo. ¡Qué delicia la de tener una mujer tan ligera..., aunque nos haga ver, de vez en cuando, las estrellas! ¡Que voluptuosidad la de pasarse los días entre las nubes... la de pasarse las noches de un solo vuelo! Después de conocer una mujer etérea, ¿puede brindarnos alguna clase de atractivos una mujer terrestre? ¿Verdad que no hay diferencia sustancial entre vivir con una vaca o con una mujer que tenga las nalgas a setenta y ocho centímetros del suelo? 

Yo, por lo menos, soy incapaz de comprender la seducción de una mujer pedestre, y por más empeño que ponga en concebirlo, no me es posible ni tan siquiera imaginar que pueda hacerse el amor más que volando.

29 nov 2014

Continuidad En Los Parques

Había empezado a leer la novela unos días antes. La abandonó por negocios urgentes, volvió a abrirla cuando regresaba en tren a la finca; se dejaba interesar lentamente por la trama, por el dibujo de los personajes. Esa tarde, después de escribir una carta a su apoderado y discutir con el mayordomo una cuestión de aparcerías, volvió al libro en la tranquilidad del estudio que miraba hacia el parque de los robles. Arrellanado en su sillón favorito, de espaldas a la puerta que lo hubiera molestado como una irritante posibilidad de intrusiones, dejó que su mano izquierda acariciara una y otra vez el terciopelo verde y se puso a leer los últimos capítulos.
Su memoria retenía sin esfuerzo los nombres y las imágenes de los protagonistas; la ilusión novelesca lo ganó casi en seguida. Gozaba del placer casi perverso de irse desgajando línea a línea de lo que lo rodeaba, y sentir a la vez que su cabeza descansaba cómodamente en el terciopelo del alto respaldo, que los cigarrillos seguían al alcance de la mano, que más allá de los ventanales danzaba el aire del atardecer bajo los robles. Palabra a palabra, absorbido por la sórdida disyuntiva de los héroes, dejándose ir hacia las imágenes que se concertaban y adquirían color y movimiento, fue testigo del último encuentro en la cabaña del monte.
Primero entraba la mujer, recelosa; ahora llegaba el amante, lastimada la cara por el chicotazo de una rama. Admirablemente restallaba ella la sangre con sus besos, pero él rechazaba las caricias, no había venido para repetir las ceremonias de una pasión secreta, protegida por un mundo de hojas secas y senderos furtivos. El puñal se entibiaba contra su pecho, y debajo latía la libertad agazapada. Un diálogo anhelante corría por las páginas como un arroyo de serpientes, y se sentía que todo estaba decidido desde siempre. Hasta esas caricias que enredaban el cuerpo del amante como queriendo retenerlo y disuadirlo, dibujaban abominablemente la figura de otro cuerpo que era necesario destruir.
Nada había sido olvidado: coartadas, azares, posibles errores. A partir de esa hora cada instante tenía su empleo minuciosamente atribuido. El doble repaso despiadado se interrumpía apenas para que una mano acariciara una mejilla. Empezaba a anochecer.
Sin mirarse ya, atados rígidamente a la tarea que los esperaba, se separaron en la puerta de la cabaña. Ella debía seguir por la senda que iba al norte. Desde la senda opuesta él se volvió un instante para verla correr con el pelo suelto. Corrió a su vez, parapetándose en los árboles y los setos, hasta distinguir en la bruma malva del crepúsculo la alameda que llevaba a la casa. Los perros no debían ladrar, y no ladraron. El mayordomo no estaría a esa hora, y no estaba. Subió los tres peldaños del porche y entró. Desde la sangre galopando en sus oídos le llegaban las palabras de la mujer: primero una sala azul, después una galería, una escalera alfombrada. En lo alto, dos puertas. Nadie en la primera habitación, nadie en la segunda. La puerta del salón, y entonces el puñal en la mano, la luz de los ventanales, el alto respaldo de un sillón de terciopelo verde, la cabeza del hombre en el sillón leyendo una novela.
Julio Cortazar

28 may 2011

= Una foto de mi libro preferido =


Los 7 de Harry Potter