21 may. 2015

Un montón


Me viniste a buscar aunque no te estaba esperando. No tocaste el timbre, simplemente subiste, abriste las puertas de par en par, dejaste todas tus cosas guardadas en mi ropero y te acostaste a mi lado. Te dormiste en mis brazos. No me molestó, me gustó, desde el primer día me gustaste. Quizás alguien en el mundo pueda opinar sin que se lo pida, diciendo que me invadiste, que arremetiste contra mi mundo y conquistaste todos mis espacios, entraste en mis sábanas por la fuerza y dentro de mi propia cama perdí lugar. Yo opino que me conquistaste el alma y me empapaste en amor. Te dormiste en mis brazos ese primer día, y ahí te vas a quedar a dormir. Tu figura se amoldó a la figura de mi cuerpo. Tu cabeza encajó perfecta entre mi hombro y mi cuello. Completaste el espacio que sobraba en mi cama, impregnaste mi almohada con el color de tu olor. No me quitaste nada, me diste lo que no esperaba, lo que no sabía que podía llegar a tener. Disimuladamente abriste un camino nuevo desde el cual no se visualiza un destino pero que ilumina alrededor invitándome a  caminarlo; agarrada de tus manos y andando despacio. Esa noche te dormiste en mis brazos y yo no te conocía, pero entre sueños me mostraste tu mundo, me cantaste historias viejas, me susurraste sobre el amor. Me hablaste de la vida, de la música, de cómo las nubes que miramos en el cielo toman la forma de algo que se aloja en nuestro cuerpo, pero que no lo entendemos. Me acariciaste sin tocarme y entre tus dedos se enredaron algunos sentimientos. Florecieron desde vaya a saber uno dónde, y entre silencios tomaron forma de algo como el amor. Me desperté y te vi a mi lado. Te conocí desde antes que hubieras llegado. No hacían falta presentaciones, creo en alguna otra vida ya nos habíamos amado. Es desde ese día que se prendió en mi cielo un sol nuevo. No es de fuego pero resplandece sobre el tiempo. Bajas a veces a dormir conmigo, comer caramelos y cantarme canciones de héroes antiguos. Otras veces me subes entre las nubes y desde ahí yo te observo, te escucho cuando tarareas versitos con rimas, y te veo extenderte entre tanto cielo. Me viniste a buscar ese día y te me uniste en el vuelo, eso me dijeron mis pensamientos cuando indagué sobre tus besos. Mis sentimientos me dijeron que yo te estaba sabiendo, desde antes, desde adentro. Sabía de tu aroma, sabía el alborote de tu pelo, sabía que existías, por eso dejé todo abierto.

 

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