1 dic. 2014


Resulta que casi siempre nuestros demonios no vienen de cuentos fantásticos. Y así, casi siempre creemos que nos imponen el miedo. Pero creo también, que casi siempre, tememos a nuestros propios deseos. Somos nuestros monstruos, aterrados y escondidos bien dentro. Esperando que alguien haga seña de luces y nos diga que es seguro salir... que el terreno está fresco. Y escondidos seguimos, agazapados para ir en busca de nuestros deseos... Sólo cuando fuera no esté feo.

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