18 oct. 2010

Y esperar no es cosa de tontos cuando sabemos qué es lo que esperamos... Pero a veces la espera se hace intensa. Se vuelve pesada, no tenemos ganas de esperar, queremos TODO YA. La meta se aleja, las personas pareciera que también se alejaran y nos quedamos con las ganas de que todo llegue... Nos cuestionamos una y otra vez si está bien lo que esperamos, si está mal, si deberíamos desistir, CAPAZ QUE ES AL PEDO. Y luego pasa el tiempo y por ahí no era al pedo, y por apurados vemos que tendríamos que haber esperado un poco más. Entonces: Esperar, no esperar, relajarse, que las cosas se den, que no se dé nada, que todo sea incierto y al final encontrarnos con la sorpresa... ¿Valió la pena la espera?


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