13 mar. 2010

Cultivar La Alegría


"Todos buscamos vivir en alegría; todos queremos vivir con ese sentimiento agradable que nos hace sentir que la vida vale la pena. A veces lo conseguimos, pero no dura mucho, enseguida pasan cosas alrededor que nos hacen enfadar, hechos que despiertan nuestras quejas, que nos hacen discutir, que nos entristecen o, simplemente, que nos aburren. Nos pasa a todos…"

Hay personas que son alegres por naturaleza. A estas personas también les pasan cosas que les hacen entristecerse o enfadarse. Tienen reacciones de tristeza y enfado pero, de alguna forma, continúan siendo alegres. Otras personas viven al revés. Buscan estar alegres. Para ello, tratan denodadamente de cumplir deseos y expectativas. En muchas ocasiones, el trabajo no les gusta, pero invierten horas y horas de su vida en ello para poder comprarse un auto nuevo por ejemplo. Si lo llegan a conseguir, durante un tiempo están alegres. Pero esa alegría se desvanece enseguida, por lo que se vuelven a poner en marcha en busca de otro objetivo que les devuelva, por un corto espacio de tiempo, la alegría.

La diferencia entre el primer y el segundo grupo de personas está en la ubicación de la alegría. En el primer grupo, la alegría es algo interno, está ubicada dentro de la persona, es intemporal. En el segundo grupo, la alegría se busca fuera, depende de lo que acontece en el exterior, es temporal. En el mundo en que vivimos, parece que la seriedad es un valor añadido. Ser serios nos hace parecer inteligentes y profundos. Ser alegres nos hace parecer simples e ilusos. Además, en el mundo hay tantas cosas que no funcionan que ser alegres parece casi una irresponsabilidad. Pero no es así.

La persona que vive en la alegría no necesariamente ha vivido una vida de rosas. La alegría interna no depende de los acontecimientos que nos han sucedido. Todos conocemos a personas con muy poquito –o que han vivido situaciones difíciles- que son alegres, y a otras que parecen tenerlo todo, y sin embargo, son tristes y desgraciadas.

La alegría es energía. La persona alegre es activa, ligera y amorosa. Se destaca de los demás por su sencillez, por su capacidad de aceptación de lo irremediable, no se queja y no tiene prisa. Como la alegría es contagiosa, la persona que vive en la alegría genera alegría a su alrededor, es como un rayo de luz que ilumina la estancia en la que se encuentra. Los que están a su alrededor fácilmente se contagian de su alegría, y de la misma manera que han recibido esa energía, la devuelven. Compruébalo! Muéstrate alegre con los demás y verás como es muy fácil que, a cambio, recibas tú también alegría.

Vivir en la alegría no es un don, es una elección. Se aprende y se descubre. No se trata de pintar la vida de rosa, pero tampoco de negro. Si consideras que el mundo no va bien, quizás la mejor manera de ayudar sea generando alegría en ti para permitir que ese sentimiento se expanda hacia afuera. Como decía el escritor estadounidense Joseph Campbell "No podemos curar el mundo, pero podemos decidir vivir en alegría".
 
Si es tu vida la que no va bien, busca cuales son las causas, modifica lo que puedas cambiar y acepta lo que no puedas cambiar. Aunque quizás no lo creas, es más fácil estar mal que estar bien, dejarse llevar por los acontecimientos que decidir cómo actuar. Es más fácil quejarse, aburrirse o abatirse. Es más fácil bajar la montaña que subirla, pero siempre la cima estará allá arriba. Si quieres vivir en la alegría, actúa,
muévete. Fíjate cómo la tristeza, el abatimiento, el aburrimiento van de la mano de la inmovilidad, de la falta de ganas de hacer cosas. La alegría siempre es acción. Nuestros pensamientos, nuestras emociones y nuestro cuerpo están interrelacionados y se influencian entre sí. Cuando pensamos algo, lo sentimos, y además, nuestro cuerpo reacciona. De la misma forma, cuando movemos el cuerpo –por ejemplo, en una clase de gimnasia- la emoción se transforma y el estado mental varía.


Para aprender a vivir en la alegría, cualquier estímulo es bueno. Utiliza el cuerpo, los pensamientos o las emociones. Baila con la música que más te gusta, contempla bellos paisajes, déjate inspirar por las palabras de los sabios, ríe, pasea, céntrate en el aquí y ahora, disfruta de un buen vaso de agua, de un momento de tranquilidad, de la conversación con un amigo. No tengas prisa. Cada cosa que hagas, hazla con toda tu concentración, con toda tu capacidad. Empieza el día con una sonrisa y hazte consciente de que es un nuevo día, de que estás plenamente vivo. Cuando te atrape la queja, date cuenta de ello y suéltala ¿De qué te sirve quejarte? Cuando recibas negatividad de alguien a tu alrededor, no la cojas, no la hagas tuya. Su negatividad no tiene nada que ver contigo. Elige entonces dar alegría a tu alrededor y tu mismo te contagiarás de ella. Porque si lo decidimos, todos podemos ser personas alegres!


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